Parques acuáticos limeños son infierno y paraíso a la vez

Los parques acuáticos ubicados en la periferia de Lima se convierten, con el verano, en el lugar elegido por muchos peruanos, quizás por demasiados peruanos. Según informa la agencia EFE, realmente se viven situaciones de hacinamiento, lo cual no es muy alentador desde el punto de vista de la salubridad.
James Atkins, director de la región de Lima del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), opina que muchos de estos lugares continúan abiertos debido a “la falta de presión de los ayuntamientos para exigir las autorizaciones debidas”. Según un informe de la Dirección General de Sanidad (Digesa) de la ciudad, de las 73 piscinas existentes, sólo 6 cumplen los estándares sanitarios, 15 se hallan en malas condiciones y 52 en estado regular.
La situación de seguridad para los bañistas tampoco es la mejor. Como ejemplo, ayer murió un niño de cuatro años ahogado en la piscina de un centro del barrio limeño de Chorrillos, debido a la ausencia de socorristas o adultos que estuviesen a su cuidado.
En el parque acuático Los Toboganes de las Tres Ruedas, el más grande del país, sólo hay siete salvavidas para un recinto con capacidad para 4 mil personas. Además, no hay restricciones en el consumo de alcohol en el lugar. Paradójicamente, el centro ha ganado varios premios nacionales, entre ellos el de Piscina saludable 2009.
Para hacerse una idea de lo que significa la cantidad de visitantes que recibe el lugar a diario, basta saber que allí la empresa Coca-cola vende 4 mil litros a la semana, por lo que ha instalado allí una mini-fábrica para reducir costes de transporte e incrementar la rentabilidad.
El complejo, construido en concreto, es semi-cerrado y tiene una superficie de 6 mil metros cuadrados. No cuenta con áreas verdes y sí tiene piscinas infantiles, decenas de toboganes, varios restaurantes y bares, dos orquestas e incluso un hostal por horas.
Por 10 soles (unos 3,3 dólares) puedes pasar el día allí, en medio del bullicio de la multitud y el elevado volumen de la música y de los espectáculos de turno, esquivando a los que pasan con bandejas de comida y refrescos, y las hamacas que se encuentran casi pegadas entre ellas.
A pocos kilómetros de allí, está el Mar de Comas, un gigantesco complejo cuyas piscinas tienen 4.200 metros cuadrados, creado por la Municipalidad de Lima para más de un millón de personas que viven en el cono norte de la capital. Pero esa gran extensión de agua muchas veces es insuficiente y se deben hacer largas colas antes de poder zambullirse.
