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9 de Febrero de 2012
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¿Por qué engordamos al dejar de fumar?

La mitad de los fumadores que decide abandonar el vicio aumenta entre dos y tres kilos su peso corporal durante los primeros meses. Un 20 por ciento engorda más de cuatro kilos, otro 20 por ciento de los ex fumadores mantiene su peso y sólo uno de cada diez adelgaza.

La tendencia general es “ganar unos kilos de más”, aunque este aumento de peso es transitorio y no debería transformarse en una barrera para dejar el tabaco, advierte Plácido Gascó, médico de Atención Primaria y miembro del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo español.

La nicotina suprime el apetito e incrementa la tasa de metabolismo en reposo, al tiempo que disminuye artificialmente la masa grasa del organismo por lo que, cuando la persona deja de fumar, el organismo se normaliza y se recuperan esos kilos perdidos, debido a un aumento del colesterol bueno (HDL).

Al mismo tiempo, el ahora ex fumador presenta un déficit crónico de las reservas de vitamina C que, entre otros efectos, puede empeorar o retrasar la recuperación de los procesos infecciosos respiratorios.

Las terminaciones sensitivas del gusto y el olfato se regeneran a los pocos días de abandonar el tabaco, eso permite que los ex fumadores disfruten más de los aromas y los sabores, lo que normalmente les lleva comer más. A esto se une la alteración de los hábitos alimenticios, sustituyéndose el deseo de fumar cigarrillos por una sensación de hambre.

Los beneficios del abandono del tabaco son siempre mayores y más globales que el ligero aumento de peso y otras ventajas que podría suponer el dejarlo. El sobrepeso “acecha a todas las personas independientemente del tabaco”, debido a los cambios de hábitos alimenticios y una menor actividad física, alerta el doctor Gascó.

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