Trastorno de Gilles de Latourette: más común de lo pensado

El “trastorno de Gilles de Latourette”, como se conoce al trastorno de tics crónicos, lleva ese nombre por quien lo describió en 1885. Considerado hace unas décadas un trastorno infrecuente, ahora se sabe que no lo es tanto: una persona en 2.500 lo presenta en su forma más severa, y una en 800 lo sufre en forma parcial.
El más severo de los trastornos de los tics comienza en la infancia, con una sintomatología muy variada, que se puede agrupar en: tics motores, fonatorios y manifestaciones del comportamiento. Los tics motores pueden ser simples (rápidos, automáticos, sin un sentido aparente, como el pestañeo) o complejos (más lentos, representan un movimiento con sentido, como arreglarse el pelo, morderse el labio, etc). Lo más común es que se empiece con tics simples, y luego se vayan agregando tics complejos.
Los tics fonatorios o vocales también pueden ser simples o complejos. Los simples son la emisión de sonidos sin sentido lingüístico, como el carraspeo o silbido. Los complejos son la emisión de palabras o frases con sentido aparente, pero que aparecen en cualquier momento del discurso y la conversación. Lo más perturbador desde el punto de vista social es la coprolalia: emisión involuntaria de obscenidades, que afortunadamente se ve en pocos casos.
Tanto unos como otros pueden ser muy variables en frecuencia, intensidad y en el grado en el cual interfieren con la vida cotidiana de quien los padece. En los grados más severos, prácticamente no hay alivio de los síntomas, que pueden acompañar al niño todas las horas del día.
Luego de pasar los años más difíciles, hacia el fin de la adolescencia la intensidad suele disminuir en gran número de casos, y en algunos desaparecer. Los más graves son los que perduran hasta la adultez.
Asociado a los tics, este síndrome tiene otros síntomas a nivel del comportamiento. Uno de ellos es el déficit atencional, que muchas veces es el síntoma más temprano. Son niños a los que les cuesta concentrarse y mantener el nivel de concentración necesario durante el tiempo esperable para su edad, y que se muestran excesivamente inquietos. La repercusión en el rendimiento escolar puede llegar a ser importante.
Los síntomas obsesivos, a veces pueden ser más perturbadores que los propios tics, para quien los padece. Involucran pensamientos, imágenes o impulsos que lo invaden y le generan un significativo malestar.
Otro síntoma derivado es la impulsividad y agresividad, que puede expresarse de muchas maneras y puede asustar mucho a padres y maestros. Algunos chicos se enojan exageradamente por pequeñas cosas y pueden llegar a explotar agresivamente. Su objetivo no es dañar, estallan por tener un muy pobre control en la expresión de la ira.
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