El que mata tiene que morir

No es un título sensacionalista y nada más, es lo que dijo la popular conductora de la televisión argentina, Susana Gímenez, tras enterarse del crimen de su asistente personal, Gustavo Gustavo Lanzavecchia, y ser abordada por la prensa, al salir de su casa, en Barrio Parque.
La diva se mostró consternada por el trágico final de Lanzavecchia, un diseñador de interiores de 32 años que trabajaba con ella. “Cuando me enteré, creí que me moría. Yo adoraba a Gustavo, fue como si hubiera muerto un hermano; hace 20 años que vivía para mí.”
El hecho, que en principio apareció como un crimen pasional, luego fue calificado como un copamiento con intencionalidad de robo, lo que determinó el ataque de los delincuentes hacía Lanzavecchia, quien recibió cinco puñaladas mortales.
Giménez calificó el crimen de “repugnante”. “Lo ataron con el plástico, le ataron los pies y las manos” dijo, y se preguntó “¿Qué les podía hacer a los ladrones?”
“No hay respeto por la vida”, continuó diciendo la diva, al ser abordada por la prensa, que luego formuló una dura y extremadamente controvertida frase, hay que“terminar con los derechos humanos de los delincuentes” que remató con “el que mata, tiene que morir“
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