Un enfoque actual sobre la sociedad en general.
9 de Febrero de 2012
/ Inicio / Educación, Infancia

Qué hacer con la tartamudez en los niños

Es frecuente que los niños en edad escolar pasen por algún período de tartamudez. Pensar, hablar y comunicar todo lo que quieren no son tareas fáciles de organizar desde el principio, y pueden provocar tartamudez transitoria. Si estas vicisitudes del lenguaje son bien manejadas por el entorno, seguramente el problema se supere sin dejar rastros.

En estos casos, la frecuencia del tartamudeo no es muy intensa, se calcula en un cinco por ciento de las palabras, si bien puede ser muy variable. Tampoco implica la repetición muy intensa de la sílaba o palabra: por lo general no es más de dos veces. No aparecen signos de tensión ni de lucha durante la repetición, y el niño no es conciente de su tartamudeo.

El tartamudeo aparece más frecuente en momentos de excitación o de incertidumbre lingüística, ya sea en frases largas o complejas, o cuando busca la palabra precisa, o cuando está muy exigido a comunicar algo. No le genera preocupación ni respuesta emocional significativa.

Se debe tener presente que el 85 por ciento de los preescolares que tartamudean, dejan de hacerlo para siempre luego de un breve período. Hay que prestar atención al niño cuando habla, demostrándoselo y dándole el tiempo que necesite. No hay que apurarlo ni completarle la frase, ni hacerle repetir lo que no dijo bien.

Tampoco hay que presionarlo para que hable si está llorando, o muy molesto o muy ansioso. Mucho menos ponerlo “en exhibición” para que demuestre lo que ha aprendido a decir.

A estos niños hay que hablarles claro y pausadamente, y no se les debe dar consejos de qué hacer cuando tartamudean. Esto sólo sirve para aumentar la tensión y empeorar la situación. Lo mejor es dar el ejemplo hablando pausadamente y con tranquilidad.

El día que notamos que el niño está muy “trancado”, debemos promover actividades que no estén tan relacionadas con el habla: deportes, pintura, música, etc.

Por el contrario, cuando notamos que es un “buen día”, debemos proponer oportunidades para hablar: juegos interactivos, títeres, cuentos, etc.

Por supuesto, nunca hay que burlarse ni permitir que otros lo hagan. Si bien estamos hablando de un fenómeno transitorio y normal, muchos expertos coinciden en que puede ser agravado por el miedo, o por la hiper-exigencia del entorno, o por demasiada presión emocional.

Muchas veces es la lucha por ser perfectos, o por satisfacer las expectativas de su familia lo que aumenta la ansiedad de manera muy significativa en un niño vulnerable, y entonces aparece la tartamudez.

Artículos relacionados:

Bookmark and Share

Dejanos un comentario

You must be logged in to post a comment.