La crisis cambia los hábitos alimentarios de los españoles

Producto de la crisis económica, los hábitos alimentarios de los españoles están cambiando. Van menos a los restaurantes y el almuerzo en el trabajo cada vez más es solucionado con la vianda traída de casa o la comida rápida.
En el supermercado, las compras están siendo orientadas por el bolsillo y el tiempo de preparación: se consumen más pastas, aceite de oliva virgen (cuyo precio bajó), platos preparados, salsas, bollería y legumbres, y menos arroz, pan, leche, pescado y fruta.
Los cambios acarreados por la crisis son preocupantes: la obesidad está asociada a la pobreza. “Parece contradictorio, pero la comida barata es más energética, y las familias intentarán ahorrar de donde puedan y seleccionar los alimentos según los precios”, explicó Helmut Schröder, investigador del grupo de Riesgo Cardiovascular y Nutrición del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona, a la agencia EFE.
Datos de 2008 muestran un estancamiento en el volumen de alimentos comprados respecto a 2007, pese al aumento de población, y una tendencia negativa en el consumo per cápita. Además, el 18,2 por ciento de los que comen fuera de casa ha vuelto a la vianda con comida casera. Se estima que esta tendencia se profundizó en los últimos meses.
43,7 por ciento de los españoles ha modificado sus costumbres en cuanto a comidas, cenas y gastos fuera de casa. “Donde antes se tomaban tres cañas, ahora son dos, se eligen menús más económicos, se renuncia al postre y se ha vuelto a recuperar algo que se puso de moda en la crisis anterior: compartir plato”, explica José Luís Guerra, de la Federación Española de Hostelería. Su sector experimentó una caída de un 4 por ciento en 2008.
Los comensales se han trasladado a los restaurantes baratos y, al mediodía, prefieren la comida rápida o el tupper antes que el menú del día. Los negocios de comida rápida aumentaron sus ingresos un 4 por ciento. Se ve entonces a la vianda con comida casera como la alternativa saludable.
Sin embargo, “depende de lo que lleve dentro”, responde Helmut Schröder. “La dieta saludable es más cara”. Una alimentación rica en fruta, verdura y pescado, siguiendo la dieta mediterránea, “puede costar 1.700 euros más al año para una familia de cuatro miembros”, asegura.
La subida del precio de esos alimentos sanos ha sido desproporcionada en los últimos años, denuncia Schröder. En cuanto al fast-food, cuyos clientes son jóvenes y familias modestas, tiene un alto contenido energético. Un plato de judías blancas cocidas con aceite de oliva, una pechuga de pollo a la plancha, dos rebanadas de pan y una copa de vino tinto, aportan unas 450 kilocalorías. Pero, una hamburguesa, con patatas fritas y coca-cola, suman mil kilocalorías.
Artículos relacionados:
